Hace algún tiempo que ando metida en un grupo de facebook sobre cocinar con Thermomix… y he de confesar que les odio… porque no paran de subir recetas tan apetitosas como esta!!!! y tan calóricas!!!! El otro día la vi y no pude resistirme a probarla.

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Los ingredientes son básicos: 

250 gr de galletas rellenas de choco, tipo Príncipe

4 huevos medianos

100 gr de azúcar (las galletas ya son dulces)

200 gr de leche entera

100 gr de aceite de girasol

1 sobre de levadura en polvo

 

Con thermomix: 

Trituramos las galletas 20 segundos velocidad 5-7-10. Bajamos los restos de galletas hacia las cuchillas. Añadimos el resto de ingredientes y mezclamos 20 segundos velocidad 7.

Vertemos en un molde redondo de silicona de 22 cm e introducimos en el microondas durante 10 minutos. Dejamos reposar dentro del microondas 5 minutos y ya tenemos un delicioso bizcocho de choco. Podemos decorar con azúcar glass, cobertura de chocolate, sin nada…

Sin Thermomix

Introducimos las galletas en un bolsa y las golpeamos con una barra de amasar hasta triturarlas, o bien las trituramos en una trituradora. Mezclamos en un bol con el resto de ingredientes y procedemos del mismo modo.

 

Espero que os guste!!!!

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Ya llegó otro curso “escolar” culinario a nuestro grupo de desafío!!! Y qué mejor modo de comenzar que con esta apetitosa receta  propuesta por Mariluz de Trasteando en mi Cocina: una Boston Cream. La super boss nos dio muchas facilidades pues nos dejó elegir entre múltiples opciones: crepes, cupcakes, tartas… Yo me decanté por unos crepes para compartir con los amigos, pero claro, me emocioné haciendo crema pastelera de más y decidí hacer también una tarta.

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Es una receta super sencilla, y utilicé mi queridísima Thermomix para hacerla, lo cual facilitó aún más el trabajo. Para vuestra fiesta de crepes Boston Cream necesitaréis:

Crema pastelera

60 gramos de azúcar (en muchos sitios recomiendan 100 pero queda demasiado dulzón)

Una cucharadita de azúcar vainillado

500 gr de leche entera

Tres huevos

50 gr de  maicena

Salsa de chocolate

150 gr de chocolate para fundir

50 gr de agua

20 gr de mantequilla

Pasta para crepes

250 gr de harina de repostería

500 gr de leche

2 huevos

1 cucharada de aceite de oliva

Un pellizco de sal

Un pellizco de azúcar

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Lo primero que elaboré fue la crema pastelera, ya que tiene que enfriarse por completo y lleva su tiempo: ponemos todos los ingredientes en el vaso y programamos 7 minutos, 90º, velocidad 4. Vertemos en una fuente de cristal y cubrimos con papel film para que no genere costra. Dejamos enfriar por completo e introducimos en la nevera.

A continuación hice la masa para crepes, pues también requiere reposo: introducimos todos los ingredientes en el vaso y programamos 20 segundos velocidad 4. Dejamos reposar media hora en la nevera mínimo.

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Y por último la salsa de choco: introducimos el chocolate en el vaso y lo pulverizamos con el botón turbo. Vertemos el resto de ingredientes y programamos 50º, velocidad 3, 4 minutos. Vertemos en una salsera y lista para usar.

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Y con todos los ingredientes listos, así como los amigos y la mesa puesta, procedemos a realizar crepes. El modo en el que los hago es el siguiente: en una sartén echo un pegote de mantequilla, y cuando se ha fundido vierto un poco de masa con un cacito para que las tortas salgan homogéneas. En cuanto se despega les doy la vuelta y a la fuente de servir.

En la mesa, serví por un lado las crepes, por otro la crema pastelera y por otro la salsa  de choco. De este modo cada uno se fue formando sus propias Boston Cream crepes a su gusto.

Y como me sobró muchísima crema pastelera (pues hice dos tandas), me decidí por hacer un bizcocho genovés con la thermomix, lo rellené de crema pastelera y lo cubrí con más salsa de chocolate… Estaba buenísima!!!!

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Espero que os hayan gustado mis propuestas, y no dejar de ver las elaboraciones de mis compis AQUÍ. El próximo reto será salado y lo propondrá Rocío

 


Si el chef Ian Dowding, creador de esta maravillosa tarta, tuviera acceso a esta versión de su creación, se echaría las manos a la cabeza. Y es que al pobre señor ya le parece una atrocidad que se use galletas como base, en vez de bizcocho, así que no me quiero ni imaginar qué le parecerá que no sólo use una base de galletas sino que cambie el dulce de leche por una lujuriosa crema de chocolate…  En sus propias palabras “I have come across some pretty ghastly versions of Banoffi in my career. My pet hates are biscuit crumb bases and that horrible cream in aerosols.” En el uso de la nata en espray estoy totalmente de acuerdo con este señor, pues también me parece un sucedáneo insípido y aguado de lo que viene siendo una nata bien batida…

No dejaré de agradecerle a Mr Dowding que haya preferido difundir su receta en la red para luchar contra todo tipo de atrocidades que nos empeñamos en llevar a cabo el resto de mortales… pero mi versión difiere “un poquico” de la suya… Perdónme Mr Dowding…

Bien, dicho esto vamos con la explicación de este séptimo reto que para mí ha sido más reto que nunca, ya que detesto el plátano… esa textura con esos hilillos… el ruidillo que hace al ser mordido, la textura en boca… puag!!!! Pero eso sí, embadurnado en crema de chocolate y sepultado por una buena capa de nata (bien batida eso sí) resulta ser un exquisito manjar.

Para realizar mi versión de la Banoffee pie, necesitaremos:

Plátanos (qué remedio) unos cuatro o cinco (tampoco mucho más…) y que estén maduros.

Un rulo de galletas tipo digestive (en mi caso, de la marca Consum, me chiflan)

150 gr de mantequilla derretida (sin sal)

150 gr de chocolate de  cobertura

1 botecito de nata para la crema (200 ml)

3 botes de nata para cubrir la tarta

Decoración: almendras, chocolate blanco y negro a trocitos

Figuritas de azúcar moreno

Trituramos las galletas con el robot de cocina (en su defecto, meterlas en una bolsa y aporrear con un rodillo de amasar…) Derretimos la mantequilla en el microondas y mezclamos con el polvo de galletas. Amasamos.

Embadurnamos de mantequilla un molde desmontable. Lo forramos con papel de hornear y embadurnamos nuevamente el papel. Con esto se consigue que el papel de hornear no se pegue al molde, y que la tarta no se peque al papel. Vertemos la masa de galletas y repartimos por el fondo y a media altura con la ayuda de una cuchara (con el dorso vamos apretando y aplanando, así como rellenando los huecos que puedan aparecer) Introducimos en la nevera para que solidifique.

Ahora viene lo más “difícil”: pelar los plátanos, cortarlos en rodajitas y cubrir la base de nuestra tarta con ellos… Volvemos a meter en la nevera. Ponemos la nata a hervir en un cazo, y añadimos el chocolate en trozos. Con la ayuda de una varilla removemos bien para que no se pegue. Dejamos enfriar un poco y vertemos sobre nuestros plátanos. Una vez más metemos en la nevera.

Vamos ahora con la nata… En primer lugar agradecer a Mari Luz su truqui para que la nata no se baje, pues sin ella seguramente esta tarta no hubiera tenido tanto éxito. Este fantástico truco consiste en mezclar a partes iguales azúcar glas y maicena (pongamos 50 gramos de cada) y añadir una cucharadita por cada 200 ml de nata que vayamos a montar. De éste modo obtendremos una nata que seguro le quitaría el sentido incluso al Mr Dowding… Ni qué decir tiene que tanto la nata que vamos a montar, como el recipiente en el que vayamos a montarla tienen que estar muy fríos. Mi consejo es que introduzcáis el recipiente por lo menos 20 minutos en el congelador. Y la secuencia es la siguiente: vertemos los botes de nata en un recipiente, añadimos las tres cucharaditas de nuestro estabilizante casero, empezamos a batir. Incorporamos azúcar a nuestro gusto, y seguimos batiendo hasta que la nata esté no dura, lo siguiente (pero con cuidado de no pasarte y hacer una mantequilla). El punto exacto lo sabrás cuando al levantar la batidora se queden picos, ése es el momento de parar.

Con la ayuda de una espátula cubrimos toda la tarta de nata, rebañamos el bote, la espátula, la batidora… no dejamos nada de nata. Si fuera necesario pedir ayuda al costillo… que seguro que no le importa realizar la tarea de limpieza 😉 (o en su defecto a la mascota gatuna, fijaos bien en la foto…)

Introducimos en la nevera otra vez. En un cazo, ponemos a calentar azúcar moreno sin más (ni agua, ni zumo de limón ni na de na). En cuanto empiece a fundirse bajar un poco el fuego e incorporar un puñado de almendras picadas. Dar vueltas con una cucharita, y cuando esté todo fundido, volcarlo con ayuda de la cuchara sobre un siltpat o un papel de cocina embadurnado en aceite.  Hacemos figuritas y dejamos enfriar.

Y vamos con la decoración. En este caso he puesto almendritas picadas por el borde, y el centro lo he cubierto con los chocolates troceados. He rematado mi creación con unas peinetas de caramelo (aquí está el toffee). Si se deja reposar un día, la tarta está mucho más rica. Y a la hora de servir, un consejo: introducir el cuchillo que vayáis a utilizar en un vaso con agua caliente. Secarlo con un paño y proceder a cortar una porción. Para la siguiente porción repetís el ritual: introducimos el cuchillo en agua caliente, secamos  y partimos. De éste modo no se destrozará (o deconstruirá) vuestra banofee pie.

Espero que os haya gustado esta entrada, y que disfrutéis tanto como yo haciéndola. A continuación podréis leer la crítica gastronómica del costillo:

A mi me encanta el plátano…Qué mal suena eso!. Pero me encanta. Y, desgraciadamente, tomo poco porque no es la fruta más deseada en mi hogar. Cuando Cris ve uno, aunque sea de lejos, no podéis imaginar la cara que pone. Bueno, hay uno en particular al que no le hace muchos ascos pero, gracias a Dios, ese no se mastica. Volviendo a la dulce cocina, he de manifestar mi excelsa alegría cuando “el reto del mes” era un postre relacionado con el plátano. Aunque éste sea para Cris lo que para mi cualquier tipo de queso (algo despreciable), he de ensalzar su talante (como diría aquel) y su mino en la elaboración del susodicho postre.

Independientemente de los cambios en la receta original “recomendados” por el “costillo” (como son llamados los cónyuges (entre los cuales me encuentro) de tan singular y divertido grupo de forer@s de la cocina (no me gusta el dulce de leche, ponle vainilla, …etc…), he de admitir que me he llevado una gratísima sorpresa con el postre. Estaba, sencillamente, delicioso. Lo mejor de ello es que hasta a Cris le gustó, por lo que ya hemos conseguido que le guste otro tipo de plátano más prosaico y común. J.

Más que entretenerme en describir su preparación, sabor y textura, de esta receta considero más interesante el contexto de su degustación. Esta se dividió en dos jornadas, habida cuenta de la magnitud de la tarta. Una primera, sábado, en la que tuvimos el placer de invitar a mis padres (suegros de mi amada esposa) a comer a casa. Degustaron una deliciosa paletilla de cordero lechal, con un buen vino de alicante y, como colofón, mi querida tartita de plátano (disculpar que no utilice el nombre anglosajón, pero es un poco complicado para un lerdo idiomático como yo). Era la gran prueba inicial. Estuvo deliciosa y así lo hicieron saber mis papis. Todo ello regado de una paz, durante la comida, que nos trasladó al Olimpo de las familias felices.

Un día después, domingo, fiestas patronales en Petrer (Alicante) pueblo vecino y conurbado con Elda, fuimos a comer a casa de “La Mari” (hermana de Cris, me lo tengo que creer, porque os aseguro que, aún encantadora, se parecen como la noche y el día). El Olimpo de las familias felices del sábado se torno en el Ares de las leyendas griegas, donde el fuego no era precisamente lo que más quemaba.  La comida muy buena, un buen churrascado de carne, con patatas fritas, morcillas, chorizos, salchichas ummm, vamos, una ingente dosis de colesterol, del bueno que, desafortunadamente, estuvo bien regado por un sinfín de simples discusiones entre todos los miembros de la familia anfitriona. Y Cris y yo…comiendo. Llego el postre y, por arte de magia, se tranquilizaron. Será la magia de los postres de Cris. El plátano, y no el mío, volvió a arrasar. Hasta el niño que no come de nada se lo comió con gula. Hasta el aspirante a cachas que tampoco come nada y nunca regala un halago lo ensalzó. Vamos, un sueño, una segunda parte del Olimpo de las familias felices….

Hasta el próximo reto…

Nota de la “cocinera”: que conste que no he cambiado ni una coma del escrito original… pero este costillo se va a enterar de lo que vale un plátano jajajaajajaa

Podéis seguir “degustando” las demás propuestas de mis compis de desafíos haciendo clic AQUÍ.

Nos vemos en el próximo desafío, que ésta vez será salado…


Hace mucho tiempo que encontré un libro maravilloso de recetas de chocolate, que (cómo no) se llama Chocolate, y es de Parragon Books. En él hay muchísimas recetas sencillas y con una pinta estupenda. Ayer decidí hacer una de las recetas al azar, y me tocó la tarta Bistvitny. El nombre es raro raro, y tras buscar horas y horas en la red y hacer uso de mis conocimientos de alemán (y por qué no decirlo, del google translator) he encontrado su origen: RUSIA (si hacéis clic podréis leer la receta en noruego…)

Para su elaboración necesitamos harina de fuerza, y seguramente os preguntaréis ¿qué es la harina de fuerza? La harina de fuerza contiene una mayor proporción de gluten ya que se elabora con trigo duro. Se usa para fabricar pan, y su acabado es más esponjoso que una harina normal. Es muy fácil de encontrar en supermercados, como Mercadona. Si no encontráis harina de fuerza podéis utilizar harina normal.

Para elaborar una tarta Bistvitny necesitaréis:

– Para fabricar adornos de chocolate:

25 g de chocolate negro fundido

25 g de chocolate blanco fundido

1 palillo

1 siltpat (o en su defecto papel de hornear)

– Para el bizcocho:

175 g de margarina ablandada

175 g de azúcar lustre

media cucharadita de esencia de vainilla

3 huevos ligeramente batidos

225 g de harina de fuerza

50 g de chocolate negro

– Para el maravilloso almíbar:

125 g de azúcar

6 cucharadas de agua

3 cucharadas de brandy (opcional)

150 ml de nata espesa

En primer lugar engrasamos un molde canalado de corona de unos 23 cm. Derretimos los chocolates en el microondas (1 minuto y listo) y esparcimos el chocolate negro sobre un silpat, o en su defecto sobre una hoja de papel de hornear.

Introducimos el chocolate blanco en una bolsita pequeña y hacemos un agujero pequeñito. Dibujamos un enrejado sobre el chocolate negro, y removemos los dos chocolates con un palillo.

Dejamos cuajar en la nevera, y cortamos con un cortapastas en forma de hoja.

Para preparar el bizcocho batimos la margarina con el azúcar hasta obtener una masa esponjosa. Añadimos la esencia de vainilla e incorporamos los huevos medio batidos de uno en uno, batiendo bien tras cada incorporación:

Agregamos la harina tamizada y dividimos la pasta en dos mitades. A una de las mitades le añadimos el chocolate derretido y removemos bien. Alternamos cucharadas de los dos tipos de pasta en el molde y removemos con un pincho de cocina para crear el aspecto amarmolado. Introducimos en el horno y dejamos por espacio de 30 minutos a 190ºC. Una vez horneado dejamos enfriar en el molde durante 5 minutos, y a continuación lo desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla metálica. Mientras tanto, disolvemos el azúcar en el agua y dejamos hervir un par de minutos. Retiramos del fuego y añadimos el licor (opcional). Cuando esté tibio empapamos el pastel con el almíbar.

Montamos la nata y con una manga pastelera decoramos la corona. Terminamos de adornar con las hojas de chocolate y ya está nuestra tarta Bistvitny lista para servir:

 

 

 

 

 

(Opcional: en algunas recetas añaden medio sobre de levadura, en la receta que seguí al pie de la letra no mencionaba la levadura, y así la hice: queda como una especie de pan. Sería interesante probar la receta con levadura)