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Y por fin llegó el día 20 del mes de marzo!!! Esta vez le tocó a Rocío elegir el plato del mes y su propuesta no pudo ser más acertada para estas fechas: cualquier plato de cuchara que llevase bacalao. Enseguida pensé en esta receta, pues si bien el año pasado ya la hice, me apetecía añadirle un par de cosas que en su día no puse: bacalao y albóndigas de pan.

El potaje de vigilia se sirve tradicionalmente los viernes de cuaresma, y el elemento principal es el bacalao en salazón. Ha sido todo un reto para mí, pues es la primera vez que utilizo este producto.

Los ingredientes que necesitaremos son (para 8 personas)

Bacalao en salazón (cantidad al gusto)

250 gr de migas de pan duro

Un vaso de leche

Medio kilo de garbanzos

Medio kilo de espinacas

Dos dietes de ajo

Dos huevos cocidos

Una rebanada grande de pan

100 mililitros de aceite de oliva

Azafrán

Pimienta

Sal

Ajos

Lo primero que debéis saber es cómo desalar un bacalao. Después de preguntar a familiares y de buscar en internet, me decanté por la siguiente fórmula: primero lavamos el bacalao bajo el chorro del agua fría. Luego introducimos en un recipiente con mucha agua y lo introducimos en la nevera. Un truco es colocarlo con la piel hacia arriba para que suelte mejor el agua. Dejamos 36 horas en la nevera y le cambiamos el agua cada 8 horas.

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Ponemos a remojo los garbanzos la noche de antes. Cuando se vayan a preparar se lavan, se escurren y se ponen en una olla exprés cubiertos de agua y se le añaden los trozos de bacalao. Un consejo es que le quitéis las espinas al bacalao, pues con la cocción se llega a deshacer y las espinas quedan ocultas entre los garbanzos… acechando las gargantas de los comensales…  Cocemos durante 40 minutos.

Mientras tanto freímos los ajos y la rebanada de pan en aceite de oliva. Se escurren y los machacamos en un mortero junto con las yemas de los huevos cocidos y las hebras de azafrán. Desleímos el majado con un poco de caldo de cocer los garbanzos y lo añadimos a las legumbres.

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Destapamos la olla exprés y añadimos las espinacas y el majado. Volvemos a tapar y dejamos cocer a presión durante 10 minutos. Probamos de sal. Fijaros que hasta ahora no hemos añadido nada de sal, pues el bacalao suele soltar la suya.

Mientras tanto elaboramos unas ricas albóndigas de pan: remojamos el pan en leche, añadimos dos dientes de ajos picaditos. Escurrimos en un colador y con la ayuda de un cucharón aplastamos bien para que no quede leche. Les damos forma de croqueta, pasamos por harina y huevo  freímos.

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Servimos el potaje con la clara picadita por encima y las albóndigas.

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Espero que os haya gustado, y que os animéis a hacerlo. Es un plato tradicional y exquisito, os lo recomiendo.

Podéis ver el resto de propuestas AQUÍ