Hello!!!!! Ya está aquí mi aportación al quinto reto del grupo “Desafío en la cocina” , que ha sido “Solomillo al Wellington”. He de confesar que al principio cundió el pánico, pues las hermanas Calmini (Carmen, Mila y Nina)  propusieron “Urta a la Roteña”, lo cual me sonó a ruso… pasado el susto inicial continué leyendo el correo y al final del todo estaba la propuesta real, que es este suculento plato que hoy os muestro. No os perdáis la crítica gastronómica que encontraréis al final del post ;-D y la propuestas de los demás “concursantes” 😉

Como mucho de vosotros ya sabréis y/o habréis leído por internet, el nombre tan original de este manjar se debe al primer duque de Wellington, Arthur Wellesley, que derrotó a Napoleón en la batalla de Waterloo, y tanto le gustaba este plato francés que decidió ponerle su nombre (o al menos eso es lo que se cuenta…)

Sea como fuere, el caso es que es un plato riquísimo, fácil de hacer (siempre y cuando no te de por hacer una rejilla con la masa de hojaldre) y muy vistoso. Lo más complicado para mí han sido las salsas. Propongo dos: una más “convencional” como es una salsa de setas, y otra más “atrevida” como lo es la de frambuesa. Con ésta segunda estoy contenta, pero la primera no me ha quedado a mi gusto… esperaré a ver qué salsas han hecho mis compis de reto para tomar nota. Por lo que respecta al plato en sí, me ha quedado jugoso, con el hojaldre doradito y crujiente… ¿el truco? Hornear a temperatura muy baja y taparlo con papel de aluminio al final…

Vamos con la receta!!!!!

Lo primero es conseguir unos buenos ingredientes, tal y como os muestro en la siguiente foto:

MI RECETA

Salsa de frambuesa:

100 gr de mermelada de frambuesa

1 cucharada de mistela

2 cucharadas de caldo de carne

En un cazo calentamos la mermelada, añadimos las cucharadas de mistela y caldo y dejamos reducir a fuego lento.

Salsa de setas:

media cebolla cortada en tiras finitas

un bote de setas

dos cucharadas de salsa HP

En la sartén en donde hemos dorado el solomillo pochamos media cebolla. Cuando esté dorada añadimos un bote escurrido y enjuagado de setas. Aderezamos con unas almendras picadas y dos cucharadas de salsa HP. Salpimentamos y podemos dejarlo así o añadirle medio vasito de vino tinto (como fue en este caso). Dejamos reducir la salsa y reservamos.

Guarnición

Hervimos unas patatas nuevas durante 20 minutos, pelamos y reservamos. En otra olla hervimos unas zanahorias baby y unas judías durante 10 minutos. Reservamos. Cuando sirvamos la guarnición la rociaremos con una vinagreta sencilla: vinagre, aceite y sal emulsionados.

Solomillo Wellington

Doramos el solomillo en aceite caliente (un minuto por cada cara). Reservamos.

Estiramos las dos hojas de hojaldres y  una la cortamos en tiras longitudinales y la otra en tiras transversales. Nos fijamos en la foto para ver cómo se hace un enrejado. Tomé la idea prestada de la página de Balenciaga (os la recomiendo)

Con los recortes de masa hacemos la base y la cubrimos con beicon. Extendemos una cucharada de paté sobre el beicon y colocamos el solomillo encima. Cubrimos el solomillo con paté y lo tapamos todo con las tiras de beicon. Colocamos el enrejado por encima, a modo de sombrero, y apretamos la base para que selle bien. Retiramos el exceso de masa con un cuchillo y procedemos a pintarlo con huevo para que quede dorado. Durante el proceso de preparación del solomillo habremos tenido el horno calentándose a 200º. Una vez introducido el solomillo bajamos a 170º durante 30 minutos. Pasado este tiempo tapamos con papel de plata y continuamos horneando a 200º durante 10 minutos.

Ahora sólo queda servir nuestro suculento solomillo Wellington…

Apunte gastronómico (by Don José Manuel Giménez Ferrer, experto sufridor de mis experimentos culinarios)

Solomillo de mis amores…

Qué mejor momento para redactar una pequeña valoración (que no crítica) gastronómica. Tarde del miércoles 5 de septiembre de 2012, a cinco días de mi trigésimo sexto cumpleaños y cada vez más cerca de celebrarlo con uno (o dos) miembros más de la familia. Bueno, tras una tarde excelsa como la de hoy, no puedo menos que rememorar el delicioso plato de ternera que preparó ayer Cristina. Creo que se llama algo así como “Solomillo a lo Wellington”. Vamos, en esencia, un solomillo envuelto en hojaldre. El interior y condimentos van a gusto del chef, por lo que cristina se decantó en la preparación de una salsa de arándanos y, para los que no somos de mezclar sabores dulces y salados, otra auxiliar compuesta, fundamentalmente, por setas, vino tinto, caldo de carne y algún que otro ingrediente secreto de Cris.

Visual y paisajísticamente, he de destacar la presencia del plato. Solo se puede resumir, y tampoco es necesario hacerlo, en ESPECTACULAR.  Cris ha pasado del tradicional envoltorio con forma de saco (o saquito) de hojaldre, elevándolo varias potencias más mediante un enrejado de dicho que, aún viendo como lo preparó, no creo que fuera capaz de hacerlo, sin destruirlo o conformar algo de geometría tan indecisa como desagradable, en años. Bajo dicho enrejado se ocultaba un solomillo de ternera perfectamente cocinado, lo cual no tiene poco mérito si atendemos a las dimensiones de la porción de carne seleccionada. No obstante, su sabor y textura se vieron potenciados por una capa de paté y finas lonchas de bacón que, a modo de sábana, envolvieron el solomillo.

La presentación en mesa fue tan espectacular como otoñal. El solomillo presidía un plato elíptico de cerámica de resplandeciente e inmaculado color blanco. En su costado, a modo de guarnición, zanahorias, judías y patatas hervidas. Escoltando el plato, a gusto de cada comensal, dos finos cuencos, salsas de setas y arándanos. Todo ello acompañado de un buen vino tinto y un precioso jarrón de claveles rojos, tan excelsos y brillantes como los que coronan la Ermita del Santo Cristo de Petrer cada 16 de agosto.

Finalmente, su sabor. Servido en finas lonchas, el hojaldre acompañaba perfectamente a la carne, sin deshacerse. El sabor de ésta, combinada con el paté y el envolvente bacón, fue sencillamente espectacular. La salsa de setas le ofrecía una tonalidad en boca más agresiva, quizás hasta demasiado salvaje. Yo lo degusté, sin piedad, siempre bien acompañado de patatitas y verduras hervidas para atenuar mi conciencia, pues no en vano tengo vespertina clase de spinning.  En resumidas cuentas, si deseáis degustar una carne de manera original, es un plato muy recomendable. Eso sí, os recomiendo tiempo para su elaboración, pues, en absoluto, estamos hablando de algo que se prepara, como diría nuestro amigos Juliuos, en 21 minutos. Luego, tras ello, un buen descanso acompañado de las merecidas caricias a una cocinera que, aún sin ser nada imparcial, tiene más que ganado un fogón en el más hermoso de los cielos.

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