Esta receta se la dedico a mis padres, quienes cultivaron la huerta murcianica en su juventud.  Cuenta mi padre que siendo pastor (además de hortelano), solía llevarse este rico manjar en una tartera y degustarlo a medio día, mientras pastaba las ovejas. Por aquel entonces, en los años que siguieron a la guerra civil, gran parte de la población sufrió miseria y pobreza. Con todos los recursos que tenían a mano realizaban platos exquisitos y muy nutritivos. Este es uno de ellos: tomates, pimientos y conejos solían “abundar” por aquellas tierras.

Para dos personas necesitaréis tan sólo estos ingredientes:

Medio conejo troceado

Un litro de tomate rallado (muchísimo mejor que de bote)

Un pimiento verde

Sal

Azúcar

Aunque la receta es muy sencilla, hay una serie de trucos que os ayudarán a conseguir un plato más logrado. Para empezar, en una olla ancha doramos los trozos de conejo en abundante aceite de oliva virgen (cuanto más calidad tenga, mejor sabor aportará). El truco para que no se os quede el conejo duro es dorarlo a fuego medio-fuerte, y retirarlo antes de que se haga por dentro (si partís un trocito, el centro tiene que estar crudo). En el mismo aceite rehogamos los pimientos (bajamos un poquito el fuego para que no se quemen), y cuando estén blanditos retiramos. En el mismo aceite en donde el conejo y el pimiento han soltado sus jugos, vertemos ahora el litro de tomate rallado. Cuanto más maduro esté el tomate, mucho más bueno el sabor. Mi consejo es que vayáis a la frutería de la esquina y compréis los tomates que estén a punto de echarse a perder, y bajo ningún concepto meterlos en la nevera: tienen que estar a temperatura ambiente y muy muy maduros. Añadimos una pizca de azúcar para matar el ardor, y probamos de sal. A fuego lento dejamos evaporar todo el agua sobrante. Removemos de vez en cuando para que no se pegue al fondo de la olla. Transcurridos unos 20 minutos (casi se habrá evaporado 1/3 del tomate incial) incorporamos el conejo y el pimiento. Dejamos reducir más el tomate y vamos removiendo. En este punto es cuando el conejo termina de cocerse por dentro con todo el jugo de tomate. Cuando la salsa de tomate esté espesa, apagamos el fuego y dejamos reposar.

El conejo frito con tomate es un plato que se puede comer al momento, pero os consejo que lo comáis al día siguiente, y a poder ser frío y en el campo (o en la playa), con un buen pan crujiente y una copa de vino tinto (a poder ser, murcianico)…

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