Esta receta me trae gratos recuerdos de mi infancia. ¡Qué curioso!, cuando era pequeña me negaba a comer este plato tan exquisito, y ahora, con el paso de los años, me doy cuenta de que es uno de los platos típicos de la comida Murciana que más me gustan. Siempre que preparo este plato recuerdo con cariño la anécdota que me cuenta siempre mi padre. Resulta que cuando él era pequeño, de unos ocho años, mi abuela le ordenó que hiciera él la comida, pues ya tenía edad de ir aprendiendo. Mi padre, habiéndose pasado con la sal, pensó que lo mejor sería echarle azúcar para equilibrar los sabores… pero al haberse pasado con el azúcar pensó que mejor echarle sal otra vez… Y lo peor de todo es que por aquella época de la posguerra española, la comida más bien escaseaba…

INGREDIENTES (para dos personas):

1 cebolla

Dos dientes de ajos

Un tomate rallado (opcional)

Cuatro patatas medianas

Un trozo de bacalao desalado

Aceite de oliva

Dos hojas de laurel

Agua

Una cucharadita de harina

Sal

Para esta receta es tradicional utilizar el típico bacalao salado, y desalarlo la noche de antes sumergiéndolo en agua. Le cambiamos el agua unas dos veces antes de poder usarlo. Por motivos de operatividad, yo suelo utilizar el bacalao congelado de la marca hacendado en su punto de sal. Simplemente necesitarás media hora para que se descongele sobre el mármol de la cocina.

En una cacerola mediana y ancha se pone a calentar el aceite, mientras se pica una cebolla y se filetean dos dientes de ajos. Cuando el aceite esté caliente se pochan la cebolla y el ajo  hasta que la cebolla esté transparente. Añadimos una cucharadita de harina y la doramos. Incorporamos el tomate rallado (opcional) y rehogamos unos 5 minutos. A continuación le añadimos las patatas peladas y cortadas en rodajas. Se rehoga todo muy bien y se cubre con agua. Cuando rompa a hervir se le añaden los trozos de bacalao y las dos hojas de laurel. Se deja cocer a fuego lento durante una hora, y antes de terminarlo, se prueba de sal. Diez minutos antes de terminar la cocción, se le echan un par de huevos por encima.

Si en vez de un vaso de agua le ponemos un vaso de caldo de pescado, quedará todavía más gustoso si cabe. Y si no tenemos caldo de pescado a mano, también podemos hacer un caldito añadiendo media pastilla de las de avecrem a medio litro de agua.

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